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January 21st, 2009

 mirado de cerca, parecía lo más cercano a un estuche donde guardar planos o títulos con lacre y cintita patria.

sin embargo, no tenía ni la factura de los palotes de plástico -negros-, donde se guardan cartoncitos a modo de título, planos de la casa de los sueños y hasta radiografías.

nada de eso. Era el fiel escudero de un palo -un poco menos grueso que un bate-, cortado a seco, sin chanfles, que aparecía apenas por un agujero del propio estuche. Hecho por manos artesanas en una tela de florcitas, sospechosamente parecida a una sábana vieja.

la mujercita lo tenía atravesado en la espalda a modo de bandolera. Ella (la mujer) era tan frágil como la musculosa turquesa que tenía puesta. El estuche-que-guardaba-el palo se balanceaba a cada paso que daba, con un bebé a upa, para subirse al subte que los llevaría directamente a Plaza de Mayo.

“Fuera Israel de Gaza”, decía uno de los carteles que llevaba el grupo con el que iba. Habían colmado el andén para subirse al convoy improvisado. Algunos nenitos tomaban gaseosa de marca indefinida. El convoy partió sin escalas, con el sólo anuncio de que cambiaba su recorrido hasta Plaza de Mayo.

en medio del calor, de los empujones y las protestas bajitas de los que no eran del grupo, quedó flotando un olor acre, metálico, que envolvía. Seguramente tan acre y tan persistente como la pólvora cuando se mezcla con la muerte que no distingue de adn.


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