teoría del caballito de mar

October 10th, 2008

 hay person@s  que por sus cualidades personales y generales pertenecen al cardúmen de lo que se dará en llamar “caballitos de mar” (hippocampus argentinae).

si bien así expuesto suena a rareza, no es extraño que en algún momento de la vida, del día más precisamente, alguien se haya cruzado con uno.  Es más común de lo que un común (categorizad@ en otros cardúmenes) puede imaginar.

Para acercar precisiones se comenzará con la delimitación del objeto de análisis. Es pretencioso, arrogante aunque luce simpático, divertido, amoroso, colgado. Esto sucede así  sólo cuando le conviene. El caballito no da (perdón el lugar común) puntada sin hilo. 

Es distante con quien no les reporta ningún tipo de beneficio ni contacto, por mínimo que sea. Cosa que sólo nota un ojo hábil o el nadie al que el caballito le dedica la indiferencia.

Por lo general, demuestra sensibilidad ante lo diferente con la salvedad que sus incursiones (por trenes, barrios pobres, espacios alternativos, lecturas comprometidas) no tienen ningún rasgo de empatía. 

Todo lo contrario: sólo le sirve, al caballito, para que termine de convencerse de que (¡por suerte!) él no integra esa masa de “no caballitos” que viajan en tren, viven en barrios pobres, son los personajes que aparecen en su lectura comprometida y aman, crecen y se multiplican sin haber pisado nunca un bar gourmet.

En su gran mayoría, el caballito pertenece a la clase media y media alta. Hay algún exponente más popular o de clase media más modesta que imita los aires del caballito pudiente. Por que (como una grandísima mayoría) el caballito tipo es hijo de nuevo ricos de los ´90, del tipo de los que se empecinan en negar a Menem. También puede ser nieto de inmigrante que empezó con una fábrica de tuercas, y ahora tiene un emporio de la fabricación de tuercas.

Por este emporio, el caballito-nieto trata de limpiar de su memoria genética la tercera clase del barco, y algún que otro aliento a cebolla que le quedó como herencia de su abuelo.

Piensa que es el mejor exponente de la “argentinidad”: es lindo, producido aún con el dejado countrie look, el rasta palermo look, el morral look.

Viaja por el mundo en horda, con remera celestes y blanca, haciéndose notar por su simpatía, seducción, carisma y chárme.

El problema es que a todo esto sólo él lo ve y cree. Porque el caballito de mar es simplemente eso. Un pescado que se cree un potro.


2 Responses to “teoría del caballito de mar”

  1. La Pucha on October 24, 2008 7:46 pm

    ¡¡¡Genial!!! Lástima con estos hippocampus argentinae, si al menos sirviesen para incubar… ¿o también los hay hembras? lapucha, digo…

  2. ió on October 25, 2008 10:02 am

    sí, sí. Le diré que hay hembras también. Hay tanta diversidad como el mesmo Criador (¿o será la estupidez?) lo permite, che.

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