de refilón

July 5th, 2010

Cuando Marcos Salas decidió tomar las riendas de su vida sucedió la hecatombe.

Ese día se había adelantado la entrega de un trabajo. Nada extraordinario salvo tener que resignar tiempo en el fumadero para cerrar la liquidación con debes y haberes de ejercicio vencido. Menos tiempo en el fumadero era menos tiempo para sentirla cerca.

Desde el año pasado, cuando ingresó como asistente de oficina, Ana se había convertido en algo así como la única motivación para patear un poco la rutina de liquidaciones, papelería menor  y memos que firmar. Cuando subir las escaleras de la estación Piedras se volvía más que un trámite, imaginar que ese día ella se reiría una vez más de sus chistes tontos le daban un impulso extra de algo que Marcos llamaba “rara clase de cosquilleo”.

Por esa época, él había cambiado las viandas de la Atkins por las promesas de la Scardale. Contando gajitos de fruta en pleno invierno, Marcos miraba a Ana de refilón y pensaba que si ella volviera a nacer sería la reencarnación misma de Sofía Loren.

(…)


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