japi saterdei

February 7th, 2010

la llovizna de un sábado puede ser garúa de tango triste o compás de sinfonía que hable de pequeños retazos cotidianos y extraordinarios, al mismo tiempo, que vuelven enorme y vivido un día cualquiera.

el piropo a primera hora y la sinceridad de la mirada del Doc.

el mediodía con voces queridas. La siesta donde se descubre que la felicidad y la vida plena se llaman Antonia. Belleza dormida, pasos en puntas de pie para que la reina no despierte. Mientras, esa amiga que uno sabe está siempre incondicional y visceralmente honesta, vive ese momento tan único. Sólo mirar y querarlas a las A con la intensidad que ellas mismas tienen.

y la noche, en el Margot, con fondo de corsos que pasan desafinando, el reencuentro con Ju. Las palabras que ni se explican, y se entienden. Los brindis por el buen año, porque se vayan las sombras y se queden las luces. Y la charla larga. Y los chistes y los chismes. Y la almendra del helado. Y la certeza de que el día termina con el corazón pleno de quereres. Cargado de alegrías, abundante de creceres.


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