carta pa tí

January 18th, 2010

the end.

Cuando menos lo esperaba, en medio de ese tiempo de rutina,

te apareciste torbellino y me pusiste –de golpe– en el centro

de la escena, despabilándome esos sentidos que nunca se me

habían despertado del todo.

A veces me da por pensar que, cuando abriste la caja de

engendros y luces que soy, no sólo me soltaste los colores.

También le diste vuelo a las tempestades: unas que ni yo

sabía que existían, y otras que crónicamente hacían

acovacharme. Quedarme inmóvil ante una mirada y pensar:

 “este-se-está-riendo-de-mí”.

Vos andabas cazando fugacidades, volviéndolas eternas.

Yo garroteaba teclados, y desenredaba laberintos.

 Algunas veces había ciertos chispazos y brillos en los días pero

todo parecía pasar así de lento.

 Con tiempo de caracol norteño. Que tiene mucho de suponer que lo mejor está por venir.

Así llegaste.

Huracanando y casi sin señales de aviso.

Apenas dejando adivinar lo que se venía. El tumulto que iba a aparecer cuando vos te confesaras.

Y yo -cobarde en estas lides- no supe entonces estar ni a tu altura ni a la mía.

Ni a la de las circunstancias.

 

(Los perdones -en estas lides- no alcanzan)

 

Hubiera sido mejor poner la guardia en alto, acallar murmullos y

soltar amarras invisibles.

 Todos sabemos que las tormentas siempre amainan.

De todos modos, mirá vos qué venganza,

lejos ando y con tu sombra a cuestas. 

Cada tanto pinta un Sabina que me habla y otro tanto,

Caetano llega en noches dulces de garúa.

Noches de ronda, y amaneceres otra vez…

 

(En estas lides, los perdones no se piden como simples perdones).

 

Hubiera sido mejor saber qué excusas o dolores me dejaban

dejarte.

O sentirme por un rato a la altura de ellas, pretendidas reinas de

pueblo chico (diosas de pasos calcinantes, y mirada en desafío). 

 

Quizás. A lo mejor. Por qué no. Tal vez.

 

Cada tanto te la rebuscás para aparecer en un revoloteo de plátanos dorados.

A vos te han vuelto a querer. A mí…. no… sé.

Vos (aparentás) seguir la frente en alto, y el alma erguida.

Yo, aún remando utopías.

 

Qué se hace cuando no se hace.

De qué manera se llenan los abismos.

Cómo se deja de escuchar la moraleja hallada. De que no hay que ser chiquito con los sentires ciertos.

Que hay que desplegar las alas aún en medio de los más tristes soles.

Puede haber una revancha o un eterno retorno.

 

 (Que los dioses me tengan en carpeta)

 

Espero entonces que esa vida me encuentre.

Diciendo con eco a otras caras tan olvidables:

“A ver, díganme, quién cornos de ustedes tiene el

más perro derecho a tirarme la primera piedra”.

octubre de 2006


One Response to “carta pa tí”

  1. monito on January 22, 2010 5:48 pm

    El pimpollo se abrió en flor exhalando su perfume y aún espera la mano enamorada que sepa contenerla, sin ahogar su frescura.

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