ha! ití

January 13th, 2010

corrían los 90 seguro. Hacía un calor de primavera en esas noches que uno siente que ama el universo y que, sobre todo, el universo lo ama a uno por sobre todas las cosas.

se casaba una amiga-hermana. Silvia. Ahora allá en medio de la pampa gringa, renaciendo del malamor y las traiciones. una de esas  amigas que dejan huellas tales que alcanza una luna dorada y rotunda sobre la avenida Colón esquina Avellaneda para que se tenga nostalgia de ella.

cuestión que se casaba. Como Dios -el con mayúscula-  manda para no alterar a ninguna de las dos familias. Que convengamos ya venían alteradas con los hijos que les pateaban los tableros de “la más rancia” por amor, puro amor, o puro deseo.

así llegó él de la mano de la bellísima hermana pelirroja Carranza. Más bella que una Kidman. Que una imagen de camafeo clásico.

y sólo desparramaban amor. Sí, así, recontracursi. Sólo desparramaban amor. Se habían conocido en alguna residencia médica. Él llegaba de esa isla que sólo aparecía por las masacres, las miserias, la corrupción y “el 0.1 por ciento de blancos que conforma la población local”. A Córdoba. La Ciudad del cuarteto y, si bien es cierto del emperador La Mona, de los gringos que la volvieron grande y compleja.

la “niña” destilaba amor. Él también. Y lo mejor de todo: todos celebraban la boda de Silvia y su muchacho (que sí es otra historia), entre las fotos donde Pierre rompía la monotonía de rubiones, pelirrojos y etéreas naricitas con la contundencia de la espalda perfecta, la gracia de un junco, la sonrisa de sol. El cacao rotundo de la piel.


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