una tal menchú

January 9th, 2010


Rigoberta viene de una familia aniquilada, de una aldea arrasada, de una memoria quemada. Ella ha pasado los primeros 20 años de su vida cerrando los ojos de los muertos que le han abierto los ojos.

 

 

El escritor vasco Bernardo Atxaga le preguntó:

 

—¿Cómo puedes ser tan jodidamente alegre?

 

—El tiempo —respondió—. Desde chiquitos, nos educan para entender el tiempo como tiempo que no termina nunca, aunque el tránsito por el mundo sea muy corto.

 

Está escrito en uno de los libros sagrados:

 

—¿Qué es una persona en el camino? Tiempo.

 

Rigoberta es hija del tiempo. Como todos los mayas, ha sido tejida por los hilos del tiempo. Y ella suele decir:

 

—El tiempo teje despacio.

 

A la larga, lentamente, el tiempo decidirá qué es lo que vale la pena recordar de todo esto.

El paso de los días y de los años irá separando la paja del grano.

 

Quizás el tiempo olvide que Rigoberta Menchú recibió un Premio Nobel, pero seguramente el tiempo no olvidará que ella recibe, cada día, en las sierras indígenas de Guatemala y en tantos otros lugares, un premio mucho más importante que todos los nóbeles: el amor de los indignados y el odio de los indignos.

 

Quienes apedrean a Rigoberta, ignoran que la están elogiando. Al fin y al cabo, como bien dice el viejo proverbio, son los árboles que dan frutos los que reciben las pedradas.

 

 Eduardo Galeano. La Jornada, México, D.F., sábado 16 de enero de 1999


One Response to “una tal menchú”

  1. monito on January 10, 2010 10:33 am

    Maravillosa reflexión que moviliza cosquilleos profundos.

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