inés ramos

August 16th, 2009

el sol de ese mediodía de enero, en Laguna Blanca, era tan brillante que, aún desde el camino consolidado hacia Antofagasta de la Sierra, dejaba adivinar los penachitos mínimos de las hojitas carnosas de las arbustos crecidos entre el pedregullo.

por ese camino venía Inés Ramos. Faldón con enaguas, medias de llama largas, saco de lana azul envolviéndola toda y su cara, con tantas arrugas con más vientos y avatares que años, casi escondida debajo del sombrero aludo de fieltro gris, con pañuelito rosa alrededor.

los viajeros se habían parado para hacer sus apachetas, y pedirle permiso a la Pachamama antes de entrar de lleno en la Puna. Inés caminaba hacia su puesto, allacito en la inmensidad de las montañas que señaló con el mentón.

nadie supo cuánto hacía que caminaba ni cuánto le faltaba. Ella se reía si alguno le preguntaba esas obviedades urbanas como no está cansada, pero no le hace mal este calor, pero no hay otra forma de que la alcancen hasta su casa….

caminaba mientras hilaba lana de llama. Volvia seda los velloncitos castaño rojizos, cantando bajito coplas que no quizo repetir (oh, no! que va`ser que quieran escuchar a esta vieja…); repitiendo una habilidad de siglos heredada en los genes.

Inés pregunta para dónde van todos. Apenas cuenta que vive sola con sus animalitos porque los hijos se fueron con sus propias familias a puestos cercanos. Sonríe. Sonríe cuanto casi todos la ametrallan a preguntan, le sacan fotos de contrabando, y le ofrecen de comer delicias que suponen añora porque en esas soledades no se consiguen.

mira con los ojos grises que dan los años. La cara cobre y el pelo apenas cano. Mira hacia el costado y le pasa la mano por el moflete a la que, raro en ella, se queda envuelta en el sol, la vastedad y la aparición de Inés sin preguntar nada. Le dice: que tenga un lindo paseo, un buen viaje.

dicho esto, anuncia que tiene que seguir. Se despide y sigue sola por el costado del camino, a contramano de la combi que quiebra el viento. Se va dando vuelta el huso y envolviéndole vellones. Se pierde en la meseta de pedregullo brillante del mediodía.

quizás haya sido aparición misma de la Pachamama. El anuncio a los viajeros de que algo de sus corazones se iba a quedar en esos lugares para siempre. De que estén donde estén, vayan donde vayan, tenían ese sol de mediodía; el viento arrullándole los sueños y el aroma del tola-tola colmándoles el alma. Para saberse vivos y exorcizar las sombras.


One Response to “inés ramos”

  1. mono on August 17, 2009 9:28 pm

    No hacen falta fotografías cuando pintas con palabras que traducen sensaciones y sentimientros,tan bella postal de viaje.Felicitaciones.

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