gilberto

August 13th, 2009

es un tanto, por no decir muy, arbitrario asociar esta noche de semi-primavera con aquella en que la plaza del barrio Santo Antonio estallaba de risas y amigos que celebraban el sólo celebrar.

tal vez no sería celebrar así sin más: celebraban la brisa que subía desde el mar;  el verano aterciopelado de las noches bahianas, y la cadencia que sólo tienen esas momentos donde hay secretos -casi mágicos, bellos, casi creíbles- compartidos.

don Cisco, que de menino foi loiro, era el chiste- manejaba por cadencias de terrazas que se fundían en el mar.  Helder, mientras, se apropiaba de los los orixás que la semibarba pelirrojona no le daba por herencia innegable.

los mellizos Cosme yDamián, Oxalá, Oxúm, Iansá… Hasta que en la mejor esquina de la plaza del barrio bahiano, baja la voz y confiesa:

- en esa casa, de alto, vive la familia original de Gilberto Gil. Todos de tradición piritista

que habrá sido de don Francisco, de esa noche de brindis y amigos en Santo Antonio. Qué será de Helder. Todo se arremolina cuando en una radio cualunque estalla la voz de Gil, cantando con alegría siempre brasileira a la pobreza.

una reseca -real/metafórica- anticipada en años largos y de remo. Que llegaron con cierta certeza cuando la mae miró espantada como Iemanjá devolvía, a la insolencia joven, más de la mitad de las rosas blancas ofrendadas al mar inmenso y oscuro de la medianoche.


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