transcurrires

April 18th, 2009

trama.covacha b-a

había resolana de siesta, un sábado de marzo, cuando sola salí de ese lugar.

sacudí en la puerta, sin mirar atrás, el polvo de mis sandalias. Los vientos cambiaban.

con pasta de media marcha el taxista para. Con revuelto de dudas y certezas, subo. Y me hacen salir del arrebato de brumas tres chicos que se cuelgan del lado de mi ventanilla. Payasos, hacen chistes. Me piden a gritos moneditas porque saben que me indigna. Corretean al lado del coche de ritmo caracol.

María, Víctor y Jorge se atropellan. Sobreactuan el trotecito al lado del taxi. Colgados. Estallando de puro niños, como siempre que nos encontrábamos en cualquier esquina que era la casa de ellos.

apenas tengo tiempo de decirles que nos vemos, que los quiero. De abrazarlos de nuevo. De robarle de un pellizco, a Víctor, la nariz. De que Jorgito me dedique su vuelta carnero con las topper hilacha. Que María me cuente, que otra vez, esa hadita rubia le dijo que ella era la nena más linda de la ciudad.

se ríen cuando les pido que no hagan mucho quilombo, que no quiero saber de historias de pelias. Se quedan saludándome desde medio de la esquina de Sarmiento y Esquiú. Escena de realismo tercermundista de películas de adioses, seis-siete años criados en vagabundeos por siestas de apariencia muerta.

así prefiero quedarme con ellos: haciendo pasitos de cuartetos cuando el taxi dobla. Tirándonos besos.

hace un tiempo que nadie sabe decirme qué engranaje se los devoró del todo, les comió las risas, las vueltas carnero. Con  la facilidad que las ciudades, aún las más pequeñas, tienen de volver invisible y cotidiano lo que más incomoda.


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